No puedo.
Te echo de menos.
Necesito tenerte cerca. Quiero besarte, sentirte. Necesito oírte respirar.
Los días pasan lentos, y siento cómo se me cae la casa encima porque tú no estás aquí.
Me ahogo entre estas cuatro paredes. Me ahogo entre el cielo y la tierra porque no te llevo de la mano.
Tengo frío, las noches nunca acaban y son más oscuras de lo normal porque tus manos no agarran mi cintura en esta cama vacía.
Tengo hambre de tus besos y sed de tus caricias. Mi boca te llama, mi cuerpo te grita y tú no estás.
Quisiera vivir en ti.
Quisiera despertar cada mañana y que tú estés ahí, que el verde de tus ojos me despierte en cada amanecer.
Necesito que todo huela a ti, que todo lo que me rodea tenga tu esencia impregnada para sentirte conmigo en la distancia.
Quisiera que fueras tú el que me robe el sueño cada noche a tu antojo, y no el maldito pensamiento que me perfora por dentro recordándome que no estás aquí.
El amor genera en mí el mayor de los odios; por amarte así odio tanto tus ausencias.
Odio todo aquello que te separe de mi. Odio los relojes, las horas, las hojas que caen del calendario que empezamos con un cruce de miradas.
Odio que sigan pasando los días con ella de por medio, con la maldita distancia.
Odio sentir que me faltará vida para disfrutar de ti como nadie más sería capaz de hacerlo.
Odio gritarle al mundo que te echo de menos, y que éste se tape los oídos y mire hacia otro lado, dejándome a la soledad como única compañera.
Siento que pierdo mis alas cuando no estoy contigo.
Te necesito para ser feliz.
Te amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario