lunes, 5 de septiembre de 2011

El tiempo no perdona.

Maldito sea el tiempo. Lo rápido que pasa cuando todo va bien, y lo eterno que se torna cuando algo nos hace sufrir. Hoy me he dado cuenta de que mis horas a tu lado están contadas. Y hoy, precisamente hoy, no hago más que arrepentirme de cada enfado, de cada día gris. De cada beso que no te he dado.
Tengo una deuda contigo; te debo abrazos, besos, caricias y lágrimas. Te debo minutos de alegría y segundos de silencio. Te debo noches enteras. Y veo que me falta tiempo para darte todo lo que te debo, y me duermo cada noche ahogándome en la pena de pensar que al despertar, habré perdido horas de ti, de nosotros.
Que cada vez falta menos, y el tiempo no perdona. Y en este caso, tampoco cura heridas; esta vez, el tiempo es el que las abre. Ese tiempo que me ha enseñado que siempre hay algo más, que eres diferente, que eres tú y solo tú quien merece más que nadie mis días. Ese maldito tiempo que me va a separar de ti, que me privará de tu sonrisa, de tus consuelos, de tus locuras y tus rarezas. De tus besos, de tu pasión. De mi mayor alegría.
No perdona a nadie, el tiempo no perdona a nadie. Y tampoco lo hará con nosotros.
Sólo prométeme que tendremos la oportunidad de recuperar el tiempo perdido, y estaré siempre a tu lado, pase lo que pase, por mucho que me duela. Por mucho que llore, por mucho que te extrañe, por muy sola que me sienta. Siempre contigo.
Siempre.

(Y recuerda... que quiero estar contigo hasta que me arrugue entera y me quede sin dientes...)

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