Todo es más cercano de lo que tú crees, y está mucho más lejos de lo que piensas en realidad.
No odio a una mujer que te mire, sinceramente yo también te miraría si no te hubiera conocido, y lo puedo comprender.
No siento rabia al ver que alguna chica coquetee contigo delante mía, estoy muy segura de hasta dónde me pueden hacer llegar mis capacidades o cualidades, llámalas como quieras.
No siento envidia de la belleza ajena, soy consciente de mi propia realidad y sé que hay mucho que mejorar, pero estoy tan segura de que puedo conseguirlo, que es algo que no me afecta.
No siento celos de alguien que haya llegado antes de que yo apareciese, al fin y al cabo, soy yo la que está aquí después de todo.
La húmeda gota que resbala por tu interminable espalda, de principio a fin, deslizándose sin prisa alguna; ella es la causa de mis mayores celos, por poder rozar tu piel cuando yo no puedo hacerlo.
Las sábanas que cubren tu tallado cuerpo cuando en la noche duermes, ellas son mi mayor envidia, por darte ese calor que mis brazos no alcanzan a darte porque no te tengo cerca.
Las prendas que ocultan cada centímetro de tu piel, ellas son mi mayor odio, porque privan a mis ojos de admirar todo lo que más deseo.
Las agujas de todos los relojes que hallo en mi camino, ellas son mis peores enemigas, por recordarme incesantemente que los minutos van pasando y no te tengo a mi lado.
Los labios que posees, me hacen sentir la mayor bipolaridad jamás pensada, porque los amo; amo besarlos, amo morderlos, amo que se pierdan en mi cuerpo, amo observarlos en silencio... pero a la vez los odio, los odio porque atrapan tu sonrisa en su interior cuando más necesito verla.
La melodía que te despierta en las mañanas, ella es la culpable de mi rabia, por no ser el susurro de mi voz lo que te haga salir de tus sueños más profundos.
Son los pequeños detalles, aparentemente insignificantes para cualquiera, los que despiertan en mí los peores sentimientos por tener el divino privilegio de ser parte de tu día a día.
(Por ser parte de ti)
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