domingo, 13 de marzo de 2011

Silencio.

Horizontal.
Tú y yo. Tumbados frente a frente.
Me miras. Te miro. Me miras. Te miro. Agacho la cabeza. Vuelvo a mirarte, sigues ahí...
Te observo. Me ciega tu mirada. Me hablas con tus ojos. Te sonrío con mis pestañas. Me miras. Te miro.
Me miras. Mueves la boca, parece que sonríes. Te miro. Me observas. Piensas. Reflexiono. Recordamos.
Te miro. Me miras. Sonrío. Una de tus lágrimas se atreve a decirme que me necesitas. Mi pupila te cuenta que te amo como jamás imaginé que lo haría. Tus dedos le confiesan a mis labios que las noches son mas largas si no los sienten cerca. Mis pies buscan los tuyos, para contarles que el invierno ya no duele porque somos uno.
Te respiro. Me sientes. Mi garganta quiere gritarle a los cuatro vientos todo lo que me haces sentir, pero mis cuerdas vocales no reaccionan; el brillo de tus ojos las han paralizado. Me miras. Tu pecho le declara a mi espalda que la necesita para sobrevivir en estas largas noches. Te miro. Una de mis lágrimas se escapa, confesándote que tengo miedo. Tu boca la recoge, susurrándome en las mejillas que no tengo nada que temer.

Tú.
Yo.
Silencio.
Y un millón de cosas que decir.

Me quedo sin aliento al darme cuenta de todo lo que somos capaz de decirnos sin necesidad de palabras.
Y si te soy sincera, necesito estos momentos tanto como necesito respirar.

(Por esas tardes en la playa, por esos amaneceres juntos en los que nos miramos frente a frente, abrazados, y se para el tiempo...)

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