Odio los lunes. Los odio cada día un poco más.
Siento que los lunes me separan de ti. Creo que en mi cuerpo hay un reloj que me avisa perfectamente cada lunes, poniendo en mi boca la desenfrenada necesidad de besarte.
Mis lunes pasan lentos, grises; suelen ser fríos y parecen no acabar nunca.
Odio los lunes porque es el día de la semana en el cual lo pienso todo. Pienso en los buenos momentos del fin de semana, en las noches durmiendo contigo, recuerdo esa manera de reír que tienes tan increíble (ya es hora de que sepas de que además de con la boca, sabes reírte con los ojos). Pienso en que quedan cuatro días para verte. 96 horas sin ti. Y lo peor no es eso; lo peor es que eso me arrastra a pensar también en los 6 meses que me esperan sin ti. Lo peor es que me entra el miedo, me da miedo que pasen los meses, y en nuestra recíproca soledad, quieras olvidarte de mi olor, del tacto de mi piel, o simplemente que la falta de costumbre te haga olvidarte del sonido de mi risa. Tengo miedo de pensar que algún día pretendas olvidarme. Miedo de quedarme vacía, de que ya no existan letras porque tú no estás. Tengo miedo de que todos esos planes que te rondan la cabeza y que tanto disfruto escuchándolos de tu boca, se queden tan sólo en palabras que se escapan por el aire. Tengo miedo de que el verde de mis ojos quizá algún día deje de ser lo suficientemente verde para ti, y busques nuevas miradas que sepan encenderte.
Tengo que confesarte que tengo una cajita donde guardo todos estos miedos y algún que otro temor más.
Y no se por qué, pero esa cajita parece llamarme cada lunes para que la abra, para recordarme que está ahí.
Y la abro, la observo, reflexiono sobre lo que escondo en ella. Añado algunas lágrimas en su interior, y la cierro bajo llave. Esa llave que cierra la cajita, la que bloquea todo lo que se halla en ella, es tu voz al otro lado del teléfono. Es tu risa, son tus bromas y tus 'te quiero', son tus palabras que me indican que me necesitas tanto como yo a ti.
Cae la noche, y llega el momento de guardar la cajita, bien cerrada con tu llave y con todo lo que alberga en su interior; quizá en un lugar escondido no me moleste para ser feliz.
Y me acuesto, con el sonido de voz como último momento del día, acompañado de esas letras temblorosas que pocas veces te atreves a enviarme, tratando de disimular el miedo que te dan tus arrebatos de sinceridad con un '...no te cuento mas historias...' tras intentar dejarme ver lo que sientes (sabes bien a qué me refiero).
Sólo me queda dormirme, con el frío de no tenerte abrazado a mi espalda, pero con el consuelo de saber que mañana será otro día. Que serás capaz de acordarte de mi al levantarte, como cada mañana, y que entre sueño y sueño, te corresponderé con el mismo pensamiento.
Que los lunes se acaban. Que los viernes llegan.
Que un día más en soledad, es un día menos para volver a verte.
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